domingo, 21 de diciembre de 2008

Hambre

Destroza con los dientes una masa oscura a escondidas. La retiene en su boca, salivando muy deprisa para potenciar su sabor. Se deshace en sus papilas y deja que una vez líquido, se consuma por sí solo. Repite la misma operación introduciendo en su boca trozos pequeños de la masa oscura hasta que ya no queda más. A hurtadillas se hace con un alijo que guarda en el fondo del cajón de la mesita de noche. Vuelve a realizar el ritual, apurando cada pedacito, cada migaja. Ya ha pasado casi una hora, su estómago no puede digerir nada más pero el espécimen sigue engullendo. Está sudando y afuera seguramente las temperaturas alcancen menos 0º C. Los intestinos se le van a romper, siente dolor en todo su cuerpo salvo en la boca. En sus papilas gustativas, la satisfacción es tal que aletarga por completo cualquier molestia que tenga. Se ha olvidado del sufrimiento que aquella excitación le está causando y continúa drogándose con onzas de chocolate negro, chocolate del 70% de pureza o incluso más. No se da cuenta de que en realidad se perjudica, no tiene hambre, ya casi experimenta repulsión hacia el chocolate. Sin embargo hay algo hipnótico, algo que lo ciega y ya no ve, ya no oye, ya no come, sólo traga. Sólo es una boca, una garganta que deglute. A la mañana siguiente lo encontrarán inconsciente en el suelo de una habitación cochambrosa. En su desgraciada existencia sólo fue feliz con aquello que lo mató.

4 comentarios:

A.M.A. dijo...

Chocolat! Chocolat! J'aime le chocolat!

Mario Pina dijo...

He leído este relato susurrando mentalmente, no sé por qué. Hay relatos que se saben íntimos desde la primera palabra, y que inconscientemente vienen a uno como una confidencia. Muerte dulce pero color caca.

Un abrazo, Alba.

A.M.A. dijo...

Te deseo una feliz navidad Alba, espero que este sea un día especial. Nos seguimos leyendo.

Laura dijo...

¿Así es realmente como pretendías que muriésemos?
No podrás con nosotras..
Antes te arruinaremos y dejaremos sin reservas chocolateras ^^

Te quiere,


Laura