Alter ego

Tengo una hermana siamesa. Nacimos unidas por las palmas de las manos, dándonos la espalda la una a la otra. Esto significó una infancia atípica en la que ambas desarrollamos una incríble destreza con los piés: aprendimos a comer, a jugar al ajedrez, e incluso a tocar el piano con los dedos de los pies. Sin embargo, cuando escribíamos, aunque teníamos soltura tanto con el lapiz como  frente a un teclado, nuestros pensamientos tropezaban y los textos acababan mezclándose. No conseguíamos ni una frase con sentido. Decidimos que despegarnos sería lo mejor. Sólo lo hacemos cuando nos apetece escribir.  Nos pedimos permiso la una a la otra y durante un rato dejamos de ser familia. Ella es adicta a la sopa de letras, le da por reflexionar sobre caldos y las diferentes versiones de una misma receta. Yo prefiero escribir imágenes. Podeis llamar a su puerta, pero no creo que os abra. Siempre tiene las manos pegadas, bien a las mías, bien al teclado.