jueves, 3 de marzo de 2016

Él, el otro, los demás y yo

Me gustaría saber si él ha escrito algo en su diario sobre esa fotografía pegada en la pared de mi salón. En realidad, no es mía, sino del otro. Aún así, a él le gustó mucho. Por supuesto, no sabía que pertenecía al otro. Se habría enfadado, o habría fingido que le parecía muy vulgar, o muy cursi, o muy negra. También me gustaría saber si el otro se acuerda de haber tomado esa foto que tanto me impactó. Más todavía, querría saber si el otro sabe que es el otro. Él se cree él, y por eso le perturba cualquier acercamiento del otro. Teme que el otro deje de ser otro y se convierta en él. Me pasó lo mismo cuando conocí a la otra. Al principio, yo no dudaba de que yo era yo, pero luego, en alguna ocasión escuché a personas ajenas, lejanas, referirse a mí como la otra. Cuando lo analicé con frialdad, dejó de molestarme. Esas personas no eran importantes para mí, así que no me importaba no ser yo para ellas. Solo me preocupaba por ser yo para los que yo veía como ellos mismos. Ahora bien, imagina que él, a quien considero él por encima de todos los demás, se da cuenta del aprecio que siento por el otro. En un ataque de celos o de narcisismo me forzaría a dejar de ser yo, al menos durante un rato. Y yo no podría evitar dejar de verlo como él mismo, se me antojaría un poco igual a los demás, al menos también durante un rato.

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