viernes, 22 de enero de 2010

Lo bueno si breve dos veces bueno

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Relato para Villayna

Lo bueno si breve, dos veces bueno. ¿Entonces, lo malo si extenso, dos veces malo?

El señor canoso, sentado al final de la barra con un vaso de whisky entre sus manos, sólo parpadea media jornada e intenta que nada resulte ni demasiado largo ni demasiado corto, porque los extremos se tocan y él siempre prefirió el punto medio. Ocurre lo mismo con el vaso que estruja con sus dedos decrépitos, que únicamente está medio vacío o medio lleno, nunca raso ni vacío por completo. Vive en la penumbra, bajo el foco de una luz casi encendida, casi apagada. Aún así, el hombre canoso se esfuerza por irradiar un poco más de luz, con la esperanza de fundir la corriente eléctrica y apagarse para siempre, porque lo que funciona a medio gas se tacha como producto de baja calidad, y el señor canoso no es feliz con su lámpara que ni ilumina ni oscurece. Aunque por más que lo intenta, el anciano sólo alcanza a titilar entre sorbo y sorbo, mientras su vaso se va medio vaciando. Y el camarero lo medio llena, a petición suya. Qué curioso, cada paso que da es otro que retrocede. Creo que no quiere consumirse y acabar consigo mismo y con el puñetero whisky. En el fondo sólo busca que lo bueno si prolongado siga siendo bueno, y que lo malo sea breve, que no dos veces malo.