miércoles, 2 de noviembre de 2011

T., R. e I.

T. : No quiero volver a verte.

R.: ¿Cuándo dejamos de vernos entonces?

T.: No lo sé, ¿mañana?

R.: Mañana no me viene bien.

T.: Pues pasado mañana

R.: Está bien, quedamos en no vernos aquí mismo. (Pausa) ¿Qué pasa si te miro sin querer?

T.: No lo sé, yo ya te he dicho que no iba a volver a verte. No me enteraré si me ves por error.

R.: ¿Y qué pasa si tú también me miras por error, en el momento exacto en el que yo también me he equivocado?

T.: Podemos agachar la mirada muy rápido y hacer como si no hubiera pasado nada.

R.: ¿Has pensado en la posibilidad de que algún transeúnte sea testigo de esa escena?

T.: Si hay alguien mirando me darían ganas de mirarte.

R.: ¿Por qué?

T: Por imitación tal vez, porque una tercera mirada entorpecería y a la vez facilitaría el camino. No sé muy bien por qué, pero sé que entonces sí que querría mirarte.

R.: Ahora nadie nos mira.

R. no volvió a ver a T. después de eso, pero T. sí que le vio un día. Estaba dando un paseo con I. La mirada de T. avivó la de R. en la de I. y viceversa. T. no sintió rabia, ni celos, solo ansias de mirar.