viernes, 26 de abril de 2013

Hace unos meses

Vuelvo atrás, al 2 de julio del año pasado, y leo que en ese momento, como aquel hombre que imaginó Borges y que añoraba estar en Islandia junto a ella en el preciso instante en el que se encontraba en Islandia a su lado, yo también sentí nostalgia del presente. Ya no recuerdo exactamente qué presente era aquel, pues solo escribí en esa serie de apuntes, que se ha ido convirtiendo en lo más parecido a un diario que he llevado nunca, que estaba sufriendo la violencia de un recuerdo muy doloroso, un recuerdo que se filtraba en la memoria y que rememoraba a la vez, un recuerdo que coincidía en el espacio y en el tiempo con el momento presente que causaba esa melancolía. Ahora, al releerlo siento nostalgia de aquel presente, que ya es pasado. Quizá, cuando se me ocurrió registrarlo en mi diario, trataba de proyectarme en el futuro, de huir de la nostalgia del presente hacia una nostalgia del futuro, una nostalgia que padezco ahora, pero que anhelé meses atrás, aquel 2 de julio de 2012.