sábado, 22 de agosto de 2009

M de miedo

El escritor llevaba semanas sin escribir. Se dedicaba a contar historias. ‘’Una historia, dos historias, tres historias’’ tragaba para sí. Nunca iba más allá, sólo enumeraba posibles relatos de la gente que pasaba a su alrededor. Ni siquiera era capaz de construir un mero párrafo en su cabeza. Lo intentaba con todas sus fuerzas. Empezaba una frase, pero enseguida la demolía sacudiendo histriónicamente los hombros arriba y abajo. Pensó en acudir a un médico. Aquel día no dejó de pensar en lo que podrían diagnosticarle, y, finalmente, resolvió no ver a ningún especialista por cobardía.

Poco más tarde, cuando creía haber conciliado el sueño, se despertó en mitad de la noche. Consiguió, frente al teclado del ordenador, sacar unas líneas. Escribió sobre su bloqueo literario y averiguó qué le sucedía: tenía miedo, sobre todo, miedo a escribir, porque nunca era más sincero que cuando escribía. Puede que en sus textos añadiera anécdotas inventadas en el momento, pero el trasfondo era de una verosimilitud terrorífica. A nadie le gusta que le mientan, aunque a menudo preferimos dejarnos engañar. Sin embargo, el escritor era consciente de que no hay verdad más dura que la de saberse en una mentira. Asumió esto y se enfrentó a su miedo escribiéndole cuánto miedo le tenía. Bastó menos de una hoja para que éste, amedrentado, huyera después de haber probado su propio veneno.