domingo, 1 de marzo de 2009

Como perros y piensos

Pienso, no pienso de pensar, sino comida para perros. Me refiero a esas bolas y cubos de colores desparramados por el suelo. Mi perro no los quiere, introduce el hocico en el plato, los huele y excava concienzudamente hasta que el cuenco se desborda y los granos acaban esparcidos por toda la terraza. El pienso nunca piensa en este rechazo. Nunca piensa si es pienso o no. Sólo existe sin pensar. Ay, si Descartes me oyera me propinaría una buena colleja. A veces me siento pienso y al pensarlo me convierto en perro. Pero no soy un perro que ladra, simplemente, uno de esos que se recuesta sobre sus patas esperando a que su amo le traiga la comida. Si se trata de pienso la rehúsa y si no, también. Solamente sabe lo que no quiere, y lo que quiere se esfuerza por no quererlo.

No hay vida más estoica que la de un perro salvo la de su comida. Los amos que se dan cuenta de esto no saben que es peor; si ver morir a su perro de hambre o al pienso de aburrimiento.

2 comentarios:

ya sabes quién soy dijo...

Alba, estás loca. Cada día más, y me matas poco a poco.

El hombre sin sombra dijo...

¿Sabes qué pienso yo sobre los piensos?

Que pesan mucho.

Bien pensado, vaya tontería.

Espero que todo vaya bien, que hace mucho que no nos vemos.