jueves, 2 de abril de 2009

Manía persecutoria

Qué asco, sólo se me ocurre una palabra para definirlo: repulsión. Es peor que una arcada antes de vomitar y prácticamente igual que expulsar la bilis por la garganta. Me busca, me persigue y se pega a mí como un parásito. Intenta succionarme la sangre. Entonces desearía que se hubiese inventado una vacuna contra la inoportunidad. Pongo cara de mártir y aguanto su palabrería hasta que alguien acuda a rescatarme o me invente cualquier excusa para desaparecer. Cuando creía que me encontraba a salvo aparece de nuevo, como una serpiente que se enrosca y te asfixia. Yo permanezco rígida, impávida, con el rostro inexpresivo. Cualquier atisbo de sentimiento podría excitar al animal y hacer que yo dictara mi sentencia de muerte por culpa de una sonrisa, de un guiño de cortesía. ‘’La indiferencia es tu única arma’’, me digo a mí misma, ‘’úsala, estás desesperada’’ El verdugo se da cuenta de que no actúo con naturalidad, sabe que su comportamiento puede causar cualquier cosa menos indiferencia. Se sorprende por mi anómala actitud y me encuentra más atractiva. Lo difícil resulta más interesante. Mi plan no funciona. No importa las vueltas que dé tratando de huir, seguramente, si fuera necesario cavaría un agujero hasta las antípodas para encontrarme. Su presencia es una manzana envenenada que una vez mordí y su ausencia la Blancanieves cantarina y sonriente que llega a casa de los Siete Enanitos.

- No me gusta – reprochó la pequeña – Es un cuento incompleto. ¿Dónde está el príncipe azul?

- No hay, me dijo que prefería seguir siendo rana.

2 comentarios:

A.M.A. dijo...

Gustamos a más de los que nos gustaría, aunque algunos otros gustarían gustar a más. Tal vez seamos los mismos, sólo que creemos que podemos separar a los otros por como nos gustan.

Al final resignarnos, se es rana y príncipe a la vez.

Mario Pina dijo...

A mí me ocurre algo parecido. Me persiguen, pero cuando bajo la guardia, cuando tengo tiempo para pensar y pienso. Me persigue alguien que no existe, o que existe pero me persigue su esencia, una imagen que proyecto y que no es real. Y es horrible porque al no ser alguien material aparece y desaparece a su antojo, a incrementar mi desaliento, a comerme por dentro.

Sentirte perseguido por alguien que no te persigue... triste.

Cuídese, Doña Alba.